Amén de la semejanza en el esqueleto arquitectónico del conjunto con la referida novela de Stephen King, uno detecta otra similitud con King, mejor dicho, con el King de aquella época: la habilidad para la creación de personajes, con un soporte interior tan rico y cautivante como la trama sobrenatural y, en especial, esa capacidad de enganchar al lector y que le impide soltar el libro una vez iniciado, aportando un entusiasmo a la lectura que este veterano lector de horrores creía ya perdido desde hacía años, muchos años.
Carlos Díaz Maroto, en Pasadizo.
[..]narran, con una prosa homogénea y sobria y una trama sin apenas fisuras, una historia de terror sobrenatural acerca de la leyenda catalana del Caçamentides.[..]Su principal activo sin duda radica en la fuerza de su escenario, enclavado en la España rural más cerril y garrula, que aporta una ambientación verdaderamente espantosa y lóbrega, ideal para una novela coral que entretiene de principio a fin, con un ritmo constante e implacable, casi sin altibajos, y que no se relaja ni en el último párrafo.
También destaca la figura del monstruo, del Cazador, una criatura original, legendaria pero delirante. Y que huele un poco a Clive Barker y a cine moderno, por lo que dará pie a efectos de gran impacto visual, gracias a lo espectacular de su puesta en escena, capaz de eclipsar por completo al resto del abundante elenco de personajes… que lo cierto es que no están a la misma altura que este villano y de sus espantosos esbirros golémicos.
Emilio Bueso, en Ignativs.
Para el desarrollo de la obra se aprovecha la coyuntura de la escritura a dos manos para convertir este posible escollo en una baza adicional, y no en un posible problema. Así, los capítulos se van dando pie unos a otros como en una obra teatral, como si se dieran la réplica, enganchando irremediablemente al lector y espoleándole a sumergirse más y más en la trama. Ésta se desarrolla a un ritmo sostenido, sin prisas pero implacable, liando la madeja de los distintos hilos narrativos hasta llegar a un final de éstos que consiguen arrancarte un escalofrío.
Con estos elementos, Cazador de mentiras pone de manifiesto que hay novelas frescas dentro del género, y que los experimentos literarios se pueden usar como ariete para derribar las paredes que hacen que, a veces, el terror parezca algo apolillado. O escondido en algún refugio exclusivo para iniciados.
Akhul, en Ocio Joven
[..]¿cómo narices se puede redactar la crítica positiva de un libro donde una solo ha sufrido leyendo; en el que se describe el horror, la maldad, y la aberración, con una naturalidad que apabulla? ¿Una crítica positiva de una historia que ha sido capaz de infundirme la angustia, la monstruosidad, o la insensibilidad más extrema, hasta el límite de hacerme creer que lo que le ocurre al desgraciado de turno también me estaba pasando a mí? ¿Cómo se hace eso? ¿Eh? ¿Dónde está lo positivo? ¿Alguien me lo puede explicar?.
Pily B., en NGC3660.