Seguimos trabajando en este baile loco de princesas y cambiamos completamente de rumbo respecto a las previsiones de la anterior entrada en este blog. Tras pruebas y pruebas y más pruebas parece que las bases del juego ya están asentadas. Es un juego cooperativo, en el que pierden todos o gana uno. Al tener solo un ganador la cooperación entre los jugadores siempre estará condicionada a las posibilidades de victoria, lo que lo convierte en un juego que permite liberar nuestro rencor cuando las cosas no salen como esperábamos. No es la idea, claro, pero seguro que los jugadores lo harán.
Tras las sucesivas pruebas me queda claro que el juego se puede disfrutar en solitario -una de las opciones que últimamente tengo en mente en muchos de mis diseños- y también con dos y tres jugadores, lo que le otorga más posibilidades comerciales que limitarlo estrictamente a dos jugadores. Las condiciones de victoria no varían en ningún caso, pero sí lo hacen las de derrota. Ya no son individuales sino relacionadas con el número de jugadores.

También han cambiado los componentes. Las cartas -o losetas, habría que pensar cómo se puede producir este juego de la forma más economica y elegante- se mantienen en 24, nos quedamos con los dos dados y seguimos con peones para los jugadores, la madrastra y el príncipe. Pero ahora añadimos seis puertas para las seis estancias del castillo, tres fichas que representan los vestidos para el baile y un contador de vida y su tarjeta asociada.
La complejidad del juego no ha aumentado demasiado. ¿Cuál es el objetivo y cómo se juega? Las princesas dan vueltas alrededor del palacio mientras la madrastra las persigue. Si logran recoger su vestido y encontrarse con el príncipe han ganado, pero solo lo logrará una de ellas, la primera que baile con el príncipe. Si la madrastra las alcanza en su paseo alrededor del palacio un número determinado de veces, habrán perdido todas. También si es la madrastra la que llega primero al baile. ¿Y cómo se llega al baile? Abriendo la puerta del castillo justo por la entrada donde espera el príncipe. La mecánica incluye dos dados, que son lanzados en cada turno. Uno determina la acción que realizará la princesa (que puede ser mover alrededor del castillo, abrir una puerta o mover al príncipe) y el otro determinará el movimiento de la madrastra. Los movimientos son distintos dependiendo de si se trata del príncipe, las princesas y la madrastra, y el jugador puede decidir qué dado utiliza para qué, lo que le da un punto de reflexión al juego. Eso unido al tablero que varía en cada partida creo que le da también esa rejugabilidad necesaria dentro de su sencillez, ya que es un juego orientado a niños. En concreto el target que he tenido en mente ha sido mi hija, aunque creo que el juego funcionaría mejor a partir de seis o siete años de edad.
¿Siguientes pasos? Nuevas pruebas, nuevos testeos y preparar un prototipo -y muy probablemente un print&play- en condiciones.