Esta es una de esas preguntas que un autor suele hacerse, sobre todo si se trata de su primer libro. Y la verdad es que con la reciente publicación de mi Refranero Zombi me apetecía reflexionar sobre ello.
La primera versión del Refranero Zombi se la remití a Saco de Huesos en Septiembre de 2009. En esas fechas el texto estaba completo y el ilustrador -que a la postre no lo sería- estaba trabajando en las ilustraciones. Había preparado la primera, la letra A, con un precioso estilo medievalista, y la idea era preparar el resto de ilustraciones en un año.
No lo logramos.
Al final, por distintos motivos, el ilustrador original tuvo que dejar el proyecto y entonces contacté con otro ilustrador -que a la postre no lo sería- para el libro. Preparó unos bocetos y se los remití a la editorial en Abril de 2011. Ambos estábamos encantados con esta nueva propuesta, radicalmente distinta a la anterior. La editorial seguía interesadísima en el libro y yo, aunque estaba algo desanimado por cómo habían ido las cosas, retomaba con fuerzas la aventura.
No lo logramos.
Ahí, lo reconozco, tiré la toalla. Y solo gracias al interés de Saco de Huesos, que se encargó de buscar un nuevo ilustrador -Fernando Martín Antón, Phrenan, que ha hecho un trabajo maravilloso que por sí solo justifica todo el libro- y me demostró una vez más por qué es una de mis editoriales predilectas como autor y como lector, el libro ha visto la luz. Y ha quedado precioso.
Se publicó en Enero de 2013. Terminé de escribirlo y revisarlo, si no recuerdo mal, en Junio de 2009.
Por eso uno de los pilares del autor indie debe ser la paciencia.