Archivo Mensual: agosto 2012

¿Escribir o publicar?

Tras leer este interesante hilo en Ocio Zero abierto por palabras y en el que han realizado valiosas aportaciones, entre otros, Ángeles Pavía (correctora de estilo) y Patapalo (escritor y editor), me surge de nuevo el dilema del escritor que, antes de aprender a escribir, quiere publicar.

Se habla en el hilo de la necesidad de contar con un corrector de estilo para una obra. Comparto totalmente esa necesidad, así como la del editor, una figura a veces denostada pero que para mí es imprescindible. Eso, por supuesto, no quita que como muchos otros autores yo haya hecho mis pinitos en la autoedición, publicándome algunas obras que o bien carecían de viabilidad comercial o bien quería controlar de principio a fin. Pero bueno, vamos al grano, que me lío como siempre.

En este hilo se habla de la necesidad de contar con un corrector de estilo pero no desde la editorial, sino desde el autor. Es decir, que sea el autor el que costee el gasto de un corrector de estilo para mejorar su obra. Y digo yo (y Patapalo, por ejemplo), ¿no será mejor invertir ese dinero en un taller literario o en cualquier otra herramienta que te permita crecer como autor? Porque si un autor necesita pagar a un corrector de estilo para que su libro llame la atención a un editor algo me falla. Ah, y la propuesta más asombrosa era la de pagar un corrector de estilo para presentar un libro a un concurso. Está claro que hablamos de publicar, no de escribir. ¿Desde cuando un escritor convierte su obra en un producto? No sé, es la impresión que me ha causado el hilo, quizá esté equivocado.

Por otro lado se habla sobre la necesidad de un corrector de estilo para un autor que se autoedita. Y de nuevo estoy de acuerdo. Pero también es necesario un editor, un maquetador, un ilustrador, un publicista, etc. Si volvemos a convertir la autoedición en algo que implica un pago previo a la publicación, no me vale. Un autor no debe pagar por escribir. Ah, espera, claro, no, por escribir no.

Lo que está claro es que cada vez parece más evidente que un escritor debe pagar por publicar.

Y eso, desde mi punto de vista, es un gravísimo error.

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Calor

Mucho. Calor.

Apenas. Puedo. Pensar.

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Escritores 2 – 1 Lectores

Dice Darío Vilas en El rincón de Koreander, entrevistado sobre la colección de libros pulp de 23 Escalones, que

Es curioso, en este país hay más escritores que compradores de libros por no decir que hay más escritores que lectores, quiero pensar que todo el que escribe es un buen lector, al menos por regla general

Yo comparto la idea de que hay más escritores que lectores, desde luego, pero además creo que la mayoría de los escritores que vemos en foros, blogs, etc. y enviando relatos a revistas y fanzines y promocionándose por todas partes no leen. Y no es que sea malo para el autor, más allá de que su técnica y su estilo sea menos interesante que la de otros autores que sí leen. Es malo para el negocio. Demasiados escritores, probablemente el doble que lectores. O más. Muchos más.

No sé, sigo creyendo, como decía Borges, que lo que leo es más valioso para mí que lo que escribo, pero me temo que es una imagen romántica que en estos tiempos mercantilistas carece de sentido. Leo aproximadamente un centenar de libros al año, sin contar revistas ni relatos en la red ni blogs ni libros técnicos ni reglas de juegos de mesa. Publico aproximadamente un libro al año desde 2004.

Yo creo que es una cifra justa. 1 a 100.

¿Y vosotros? ¿Cuál es vuestro ratio leído/publicado?

 

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¿Novela o relato?

No puedo recordar cuántas veces me han dicho que deje a un lado la ficción mínima y los relatos y me centre en las novelas. Que ahí está el pastel. El negocio. Las ventas. Los lectores. Me lo han dicho tanto autores como editores, tanto amigos como enemigos. Que no tiene sentido escribir microrrelatos en Twitter cuando lo que vende es una saga interminable repleta de tópicos de la fantasía épica.

Yo siempre respondo lo mismo: que a mí lo que me gusta, lo que me fascina, es el relato. Las piezas más breves, las que me permiten trabajar minuciosamente cada palabra, cada frase, cada párrafo. Que en las novelas me disipo, que ahí no soy capaz de exprimir mi -si existe- talento al máximo. A pesar de ello he escrito -y publicado- hasta la fecha un puñado de novelas que han tenido distinta fortuna editorial.

Y es que ese pastel del que hablamos no está al alcance de todos. Para entrar en esos números de ventas que algunos me dicen se necesitan muchas cosas. La primera, querer estar allí. Eso va a condicionar lo que escribes, vas a adaptarte a temáticas, modas y necesidades del mercado para estar ahí. Incluso respetarás fechas y procurarás tener un libro publicado al año. Como ya he dicho en entradas anteriores, no valgo para eso. Tengo demasiadas cosas en la cabeza y demasiadas cosas en la vida que no permiten esa dedicación. Y realmente tampoco me atrae ese mundo literario.

Lo que es cierto es que en la mayoría de los casos mis novelas han vendido más que mis libros de relatos. El relato es un género que vende menos que la novela, a todos los niveles (desde best-sellers hasta autores indie como yo). ¿Por qué entonces volcar mi creatividad en un género comercialmente limitado?

Evidentemente porque la comercialidad la coloco en un segundo plano. Sería idiota decir que no quiero que mis libros se vendan, porque la realidad es que sí quiero que lo hagan. Pero quiero que los compren lectores que crean como yo en lo que escribo. No quiero formar parte de esos “libros del mes” que venden… ¿cuánto? ¿3.000 ejemplares? Libros cuyo autor ha condicionado su obra para llegar a ese puñado más de lectores. No sé, si me hablas de 100.000 puedo entenderlo un poco más, pero tampoco va conmigo. Por varias razones: mi desinterés por la comercialidad de lo que escribo, mi falta de talento para enganchar a más lectores, mi pereza para trabajar mi “carrera literaria” como hacen otros colegas, mi falta de compromiso para abordar una novela al año, etc. Seguro que se te ocurren muchas más.

En fin, como siempre, divagando. Pero me reafirmo: quiero escribir relato y ficción mínima. ¿Cómo y dónde se publicará? No lo sé. Espero y confío en que lo haga para llegar a los lectores y cerrar el círculo. Ya veremos si es en papel o en formato electrónico. Si es gratis o no para el lector. Si me aportará, más allá del beneficio que aporta la escritura a mi vida diaria, algún beneficio económico.

Lo importante es extraer esa idea que me muerde el cerebro día tras día y plasmarla en negro sobre blanco. Leerla y dejar que otros la lean. Y que a ellos también les muerda el cerebro.

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¿Qué hacer en Agosto?

Eso es lo que estoy meditando, ¿qué hacer en Agosto?

Evidentemente tengo que cerrar Doce meses, doce juegos con la publicación del último juego, pero también debo decidir qué hacer con el proyecto. Ha funcionado tan bien en muchos aspectos que me da no se qué cerrarlo, así que durante este mes pensaré qué puedo hacer con la iniciativa. Probablemente trabajar en los doce juegos -traducciones a otros idiomas, página en la BGG, revisión de reglas, quizá alguna pequeña edición de algún juego concreto, quizá moverlos por concursos y editoriales-, aunque no descarto publicar alguno más (de hecho en la recámara quedaron al menos tres).

Tengo una novela corta casi terminada, que rondará las 40.000 palabras. Podría tratar de cerrarla -y pulirla y revisarla y revisarla y pulirla y todo eso que se debe hacer con un libro antes de pensar en que nadie lo lea- durante el mes de Agosto y mandarla, por ejemplo, al Domingo Santos, pero lo veo poco factible. Probablemente me limite a volver a trabajar en ella sin demasiadas expectativas.

También tengo que preparar la maquetación de un libro que, si todo va como debe, debería aparecer en Septiembre en Palabras del Cruciforme. Edición electrónica, directamente a Amazon. En este caso se trata de un libro traducido por José Ramón Vázquez y que contará con prólogo de Eduardo Vaquerizo. Sin duda uno de los libros que más alegría me va a dar como editor.

Muchas cosas más, claro, porque dejo que el caos creativo me gobierne, pero creo que estos tres temas son los más importantes que tengo entre manos. ¿Lograré cumplir alguna de las fechas que tengo en la cabeza? ¿Lograré centrarme y encontrar tiempo para avanzar en todo lo que quiero hacer?

Hace demasiado calor. Y la piscina me llama.

Será difícil.

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