Tras leer este interesante hilo en Ocio Zero abierto por palabras y en el que han realizado valiosas aportaciones, entre otros, Ángeles Pavía (correctora de estilo) y Patapalo (escritor y editor), me surge de nuevo el dilema del escritor que, antes de aprender a escribir, quiere publicar.
Se habla en el hilo de la necesidad de contar con un corrector de estilo para una obra. Comparto totalmente esa necesidad, así como la del editor, una figura a veces denostada pero que para mí es imprescindible. Eso, por supuesto, no quita que como muchos otros autores yo haya hecho mis pinitos en la autoedición, publicándome algunas obras que o bien carecían de viabilidad comercial o bien quería controlar de principio a fin. Pero bueno, vamos al grano, que me lío como siempre.
En este hilo se habla de la necesidad de contar con un corrector de estilo pero no desde la editorial, sino desde el autor. Es decir, que sea el autor el que costee el gasto de un corrector de estilo para mejorar su obra. Y digo yo (y Patapalo, por ejemplo), ¿no será mejor invertir ese dinero en un taller literario o en cualquier otra herramienta que te permita crecer como autor? Porque si un autor necesita pagar a un corrector de estilo para que su libro llame la atención a un editor algo me falla. Ah, y la propuesta más asombrosa era la de pagar un corrector de estilo para presentar un libro a un concurso. Está claro que hablamos de publicar, no de escribir. ¿Desde cuando un escritor convierte su obra en un producto? No sé, es la impresión que me ha causado el hilo, quizá esté equivocado.
Por otro lado se habla sobre la necesidad de un corrector de estilo para un autor que se autoedita. Y de nuevo estoy de acuerdo. Pero también es necesario un editor, un maquetador, un ilustrador, un publicista, etc. Si volvemos a convertir la autoedición en algo que implica un pago previo a la publicación, no me vale. Un autor no debe pagar por escribir. Ah, espera, claro, no, por escribir no.
Lo que está claro es que cada vez parece más evidente que un escritor debe pagar por publicar.
Y eso, desde mi punto de vista, es un gravísimo error.





