Desde Febrero de 2011 hasta ahora han surgido tropecientas iniciativas de crowdfunding en España.
Recuerdo que mi interés real por este tema surgió cuando descubrí Kickstarter. Y surgió, como surgen todas mis inquietudes, primero como consumidor. Vi que era una plataforma magnífica para poder participar de forma activa en proyectos que, por los caminos trillados por la industria, tenían pocas posibilidades de ser comerciales. Lo primero que me interesó fue acercarme a proyectos culturales -literarios, cinematográficos, videojuegos, etc.- de marcado carácter indie y colaborar con ellos para poder recibirlos cómodamente en mi casa. Al principio eran proyectos literarios más que otros los que llamaron mi atención, después, ya en 2012, llegó la avalancha de los juegos de mesa. En fin, que el crowdfunding era, para mí, un sistema perfecto para viabilizar la producción de productos marginales que deseaba tener en mis estanterías.
Como mi propia obra.
Debo reconocer que lo escribo, que lo que diseño, no tiene muchas veces una salida comercial. Influyen muchos factores. La calidad, la distribución, la edición. Muchos. La calidad del trabajo realizado es el primero, claro. Centrándonos en la literatura, yo intento siempre dar lo mejor de mí, pero no es suficiente para alcanzar un mercado amplio. El lector es inteligente y tiene su propio criterio, y muchas veces la literatura que yo ofrezco no es lo suficientemente brillante -o no trata temas de interés, o no tiene la forma adecuada- para llamar su atención. Por otro lado están los géneros. Yo escribo sobre todo relato y ficción mínima, lo que limita el espectro de lectores potenciales que puedan estar interesados en mi obra. Después debemos añadir que escribo literatura de terror, lo que limita aún más el nicho. Y que lo que escribo es triste. Y desagradable. Y pretendo provocar una reacción emocional adversa en el lector.
Por lo tanto no es raro que pensara que el crowdfunding era una buena forma de plantear la publicación de uno de mis libros.
Lo planteé con una novela, Condenados, en una de las primeras plataformas que surgió, Lánzanos. La verdad es que no puedo quejarme, ya que solicité una cifra simbólica, 666 €, y no tuve problemas en alcanzarla. Después la editorial Saco de Huesos se ofreció a publicar el libro, así que la experiencia fue más que buena. ¿Quién colaboró en la iniciativa? Amigos, conocidos del mundillo, gente que leía -y lee- mi Twitter, completos desconocidos. Una excelente mezcla porque la mayor parte de lo recaudado no provenía de la gente más cercana, lo que hubiera devaluado por completo el proyecto. ¿Repetiría la experiencia? Claro. Lo hice. Y esta vez no lo logré.
Lo planteé por segunda vez con Doce meses, doce juegos, una iniciativa para publicar doce juegos de mesa bajo licencia CC en formato print&play. Lo hice con Goteo, una plataforma más centrada en este tipo de iniciativas relacionadas con las licencias Creative Commons. Esta vez la cifra era mayor, pero también era mayor la recompensa. Sin embargo no logré llamar la atención del público interesado como hice con la novela. ¿Por qué? Por muchas razones, creo. Porque no soy tan conocido en el mundillo de los juegos de mesa como en el literario. Porque no supe venderlo correctamente. Porque cuando lo lancé solo podía ofrecer información sobre media docena de juegos y no llamó la atención del consumidor potencial. Porque era caro. No lo sé, pero seguro que fue una suma de estas cosas y muchas otras que no controlé.
Lo que sí tengo claro es que este sistema, que no es más en ocasiones que un preorder estilizado, funciona. No siempre, pero funciona. Los dos próximos juegos de mesa que llegarán a mi casa lo harán desde dos iniciativas financiadas mediante crowdfunding. In Absent(i)a, una de las más hermosas iniciativas poéticas que he visto en años, también logró llevarse a cabo gracias a los mecenas.
No sé si repetiré alguna vez como creador, pero como consumidor, soy un creyente practicante.



Quería agradecerte haber publicado Condenado en formato electrónico de manera gratuita. De no haber sido así, desgraciadamente debido a los malos momentos que estamos viviendo hoy en día, no hubiera podido leerla y ¡me ha parecido brillante!; me la he leído de un tirón en tres horas, acabo de terminarla y aunque son casi las cuatro de la mañana no he podido pensar más que en buscarte por Internet y darte mi enhorabuena más sincera. Agradecer también a las personas que apoyan las iniciativas de mecenazgo para que la cultura sea accesible para toda persona con inquietud independientemente del dinero que posea. ¡Mil gracias!
Muchas gracias
Este comentario es sin duda uno de los mejores regalos del año.